ATLÀNTIDA FILM FEST 2018

 

Unos días después de la conclusión del Atlántida Film Fest 2018, Hago un repaso de algunos de los mejores títulos que se pudieron ver. Un año más, el festival permite acceder a un buen número de miradas diferentes llegadas de toda Europa, con películas que difícilmente pueden colarse en la distribución comercial. En este caso, desde potentes producciones del norte del continente, hasta una humilde película barcelonesa. En  general, descubrimientos interesantes.

Holiday (Isabella Eklöf, 2018)

Holiday se presentaba como uno de los títulos potencialmente más impactantes y polémicos de esta edición del festival, y la verdad es que no se le puede negar esta condición. La película, que sigue una jovencísima protagonista que ejerce como pareja de un peligroso narcotraficante durante sus vacaciones en Turquía, no sólo destaca por la crudeza de algunas imágenes (y una escena en especial que deja totalmente fuera de juego) , sino para el tratamiento global de lo que cuenta. La directora sueca Isabella Eklof aborda diversas muestras de bajeza moral y humana con una frialdad perturbadora, y sobre todo construye un personaje de lo más potente. Y es que Sascha va evolucionando sin que nos acabamos de dar cuenta, y cuando lo evidencia, suelta una verdadera bomba sobre el verdadero mensaje que nos transmite Holiday.

La habilidad de Eklof para jugar con las expectativas es clave en la película. La actitud visceral e imprevisible del narcotraficante propicia diálogos y situaciones de lo más tensas sin necesidad de que se utilice ningún recurso más. Y también al revés, desdramatizando momentos que hacían temer lo peor. Aunque es evidente que no compartimos su estilo de vida ni sus formas, Holiday juega -un poco al estilo de Haneke- a acercarnos y alejarnos de los personajes según el momento de la historia. El primer tramo de la película, algo más pausado y reiterativo, es tan sólo el preludio de un desarrollo de los hechos que revela la verdadera perversidad de la historia. Tratándose de un debut en la dirección, Holiday supone una carta de presentación de lo más contundente, y deja el de Isabella Eklof como nombre a seguir.

Sami Blood (Amanda Kernell, 2016)

Las imágenes que solemos relacionar con Laponia son las de las auroras boreales y la salida de Santa Claus cada Navidad, pero la realidad de los habitantes de aquellas tierras inhóspitas no es precisamente idílica. Históricamente, la comunidad sami (así se llaman) ha sufrido un racismo y una discriminación social que fueron especialmente latentes durante la primera mitad del siglo XX. Sami Blood parte de esta base para remontarnos a los años 30 y contarnos la historia de una adolescente que, harta del trato que recibe debido a su raza y deseosa de una vida diferente, decide renegar de sus orígenes. La película destaca por esta sensación de desacuerdo que nos provoca hacia la protagonista, y pudo caer en ese mismo rechazo si no fuera por el enfoque que poco a poco nos desvela la directora Amanda Kernell gracias al formato de flashback que utiliza la narración.

Sami Blood impacta por la crudeza con que muestra las humillaciones hacia el pueblo sami, sobre todo con escenas como la de una sesión fotográfica que parece más propia de quien quiere estudiar una nueva especie animal. Pero a la vez, sorprende con esta mentalidad de su protagonista, que en lugar de rebelarse contra la injusticia y apoyar sus, decide que lo más fácil es unirse al otro bando. Parece que la directora insinúa la redención de la chica en más de una ocasión, y también que, a medida que avanza la historia, suaviza la gravedad del conflicto presentado al inicio, pero después de todo Sami Blood resulta ser todo un escarmiento. Un recuerdo de la importancia de las raíces, y de cómo éstas acaban siendo más fuertes que cualquier camuflaje que pongamos encima, aunque sea durante toda una vida. Aunque espesarse un pelo en el tramo central, el film supone un debut bastante potente de Kernell la dirección.

Yo la Busco (Sara Gutiérrez 2018)

Desde que su compañera de piso y amiga del alma le dice que marcha a vivir con su pareja, Max comienza a darse cuenta de que está más solo de lo que se pensaba. La serie de respuestas evasivas que recibe esa misma noche lo acaban de confirmar. Es aquí donde comienza el recorrido por la noche barcelonesa de Yo la Busco, Una película hecha con cuatro duros que en cierto modo une una serie de personajes en esta investigación no demasiado específica de algún elemento que devuelva el sentido a sus vidas. Para los habitantes de la ciudad, parece que la directora Sara Gutiérrez casi bordee el documental en alguna ocasión, e incluso se podría decir que nos descubre algún rincón que raramente goza de protagonismo en este tipo de filmes. Quizá por todo ello, y también para este tipo de misión a cumplir por parte del protagonista, Yo la Busco mantiene su interés.

La narración tiene altibajos, sobre todo porque algunos diálogos y personajes se perciben más caprichosos y menos trabajados, como dos guardias de seguridad de los que no entiendo la actitud en ningún momento. Al mismo tiempo, algunas historias personales de estos personajes son algo forzadas, como la del taxista que está aprendiendo japonés. evidentemente, Yo la Busco también depende de unos actores completamente amateurs que, en ocasiones, lo son de forma bastante descarada. En todo caso, la directora sabe captar con la proximidad necesaria cada una de las situaciones, y sobre todo consigue que comprendemos el protagonista y su evolución. En el fondo, es una noche que le cambia la vida, y que tal vez ha cambiado de alguien más.

The Great European Cigarette Mystery (Jeppe Ronde, 2017)

Los documentales en torno a la actualidad política de la Unión Europea son habituales en el festival, y este año sorprenden con The Great European Cigarette Mystery. La historia gira en torno a la renuncia del comisionado de Salud de la institución, John Dalli, tras ser acusado de favorecer el lobby de las empresas de tabaco, y nos invita a acompañar dos periodistas daneses que investigan el caso. Ahora bien, a partir de cierto punto, y cuando se ensancha un poco el entorno del Sr. Dalli, el documental comienza a derivar en cuestiones bastante más misteriosas y casi esperpénticas. Ahora bien, el principal problema que se percibe a The Great European Cigarette Mystery es que el director Jeppe Ronde no consigue transmitir del todo la inquietud de los hechos; en parte, porque los dos periodistas protagonistas no llevan muy bien aprendida la lección interpretativa, y por otro lado por la dispersión que sufre la narración en su segunda mitad.

Así pues, lo que comienza como una revelación del poder de los lobbies del tabaco en la Unión Europea (tal como indica el título del propio documental) termina en una trama semimafiosa que no sabemos muy bien dónde va a parar. Lo que sí funciona es la mutación de nuestra percepción sobre la figura de John Dalli, que pasa a ser un hombre relativamente entrañable a una figura fría e imprevisible, de quien ya no nos podemos fiar. Aunque en su tramo final The Great European Cigarette Mystery revela detalles o indicios de toda la vertiente oscura que hay detrás de la relación entre el ex comisionado y los lobbies, la sensación es que los descubrimientos que hace (a pesar de ser evidentes en muchos factores) no se acaban de materializar o corroborar. Esto resta puntos a un documental que, a pesar de todo, resulta bastante particular.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *