BOHEMIAN RHAPSODY

Bohemian Rhapsody

director: Bryan Singer

intérpretes: Rami Malek, Joseph Mazzello, Ben Hardy, Gwilym Lee, Lucy Boynton, Aidan Gillen, Tom Hollander, Mike Myers.

género: Drama, biopic. 2018. 120 min.

En 1970, el joven Freddie Bulsara huye de la rectitud de su familia de origen indio y busca distraerse en el ambiente nocturno londinense. Un día, asiste al concierto de una joven banda, y en la salida los convence para convertirse en su nuevo cantante. Al cabo de poco, y gracias a la potencia y el talento del joven Freddie (que ahora se hace llamar Mercury de apellido), la banda comienza a ganar popularidad bajo el nombre de Queen, hasta que una importante discográfica del país confía en ellos y los lanza al éxito mundial.

Cuando una banda cargada de hits debe afrontar un concierto, suele tener dos caminos posibles ante sí: recurrir a ellos y asegurarse el éxtasis del público, o bien aprovechar la ocasión para ofrecer piezas menos conocidas, con el su consecuente riesgo respecto la reacción de los asistentes. pues Bohemian Rhapsody es exactamente la primera opción, pero trasladada al cine. Pero la pregunta es: tratándose de Queen, se podía llegar a contemplar que fuera la segunda? Probablemente, no. El biopic dirigido por Bryan Singer repasa los 15 primeros años del grupo con la confianza que le aportan todos sus éxitos mundialmente conocidos, los cuales van sonando de forma repartida a medida que sus miembros, y en especial Freddie Mercury, van evolucionando a nivel musical y personal. Y lo cierto es que resulta muy difícil no contagiarse del ritmo y la potencia de Bohemian Rhapsody, A pesar de que su fórmula comporte la omisión de algunas capas más controvertidas de su historia.

La película busca claramente la complicidad del espectador. O aún diría más: la necesita. Es por ello que Bryan Singer ejerce un control emocional a través del tempo y la estructura narrativa de Bohemian Rhapsody. La consigna es que la visión en positivo de la banda y de Freddie Mercury no se dé la vuelta en ningún momento, y eso es exactamente lo que consigue. Los momentos de conflicto están, pero nunca tienen una intensidad o continuidad suficientes para provocar que el estado de ánimo del espectador se enfríe. Ya sea en forma de actuación o como parte de la banda sonora, los hits de Queen van apareciendo de forma sucesiva para recordar que Bohemian Rhapsody es, por encima de todo, una celebración. Y tienen tantas, de canciones, y son tan buenas e icónicas, que no queda más remedio que participar de esta fiesta. Al fin y al cabo, era el mismo que predicaba la banda cuando subía a los escenarios.

Teniendo en cuenta este objetivo, Bohemian Rhapsody escoge aquellos episodios de la historia de Queen que mejor encajan. Es evidente que no podían estar todos, pero nadie le puede negar que la elección no sea coherente: desde la primera grabación a cambio de vender su furgoneta, pasando por la gestación de la propia “Bohemian Rhapsody” y el posterior conflicto con la discográfica, hasta llegar a la mítica actuación en el concierto Live Aid de Wembley en 1985. el filme demuestra sentirse mucho más cómodo aquí que cuando llegan los momentos oscuros, básicamente relacionados con el descontrol de la vida personal de Mercury. No es que Bohemian Rhapsody evite tratarlos, pero es evidente que quiere minimizar su efecto. Cuestiones como la homosexualidad de Mercury, los excesos con las drogas, la consecuente separación de la banda o el diagnóstico del SIDA son tratados con relativa superficialidad; la película nunca deja que perduren y le puedan aguar la fiesta.

Aunque desde el punto de vista crítico es inevitable -y también de justicia- apuntar estas carencias, también es verdad que la visión con perspectiva pone en duda si realmente son un motivo de reproche para un filme como Bohemian Rhapsody. Si nos paramos a pensar, la lista de cosas que “podría haber hecho” es muy larga: profundizar en las letras y la inspiración musical en la composición de las canciones, explorar la autonegación de Mercury sobre su orientación sexual, buscar las razones de su descarrilamiento temporal, intimar un poco más en la reacción de él y de la banda ante la enfermedad … Sin embargo, la impresión final es que todo esto formaría parte de otra película; seguramente, un biopic sobre el propio Freddie Mercury que aún está por hacer (si es que algún día se hace). No hay que olvidar que, desde el principio, Bohemian Rhapsody escoge el concierto de hits, y no el repertorio alternativo o de caras B.

Si hay un elemento indispensable en cualquier concierto de este tipo es que los bises deben ser apoteósicos, y Bohemian Rhapsody también lo cumple al pie de la letra. Los últimos 15 minutos de película son una absoluta inyección de energía. Por un lado, suponen un gran homenaje, ya que Rami Malek (brillante en el papel de Mercury, a pesar de cierto exceso de dentadura) y compañía reproducen al por menor parte de la actuación de Queen en el concierto Live Aid. Por otro, son una garantía para que el público recupere el ánimo y salga de la sala con la euforia por los aires. Con ello, Bohemian Rhapsody consolida su fórmula (y eso que el propio Freddie Mercury afirma durante el film que “las fórmulas son aburridas”) y en el fondo nos deja un recuerdo equivalente al mejor legado que nos dejó la banda: su música. Y es que, pensándolo bien, si hoy pudiéramos asistir a un concierto de Queen, lo haríamos deseando que tocaran un hit tras otro.

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