CAFARNAÚM

Capharnaüm

director: Nadine Labaki

intérpretes: Zain Al Rafee, Yordanos Shiferaw, Boluwatife Treasure Bankole, Kawthar Al Haddad, Fadi Kamel Youssef, cedros Izam, Nadine Labaki.

género: Drama. 2018. 120 min.

Zain es un niño de 12 años que malvive en uno de los barrios más pobres de Beirut. Trabaja en la calle vendiendo zumos y también ropa lo que puede para llevar algo para comer en su casa, donde vive con unos cuantos hermanos más. Consciente de que su futuro la lleva a lugares bastante oscuros, Zain también presta especial atención a su hermana Sahar; es por eso que reacciona lleno de rabia cuando se entera de que sus padres la quieren casar con un comerciante de la zona.

El cine social y con vocación de denuncia siempre es necesario, especialmente si sirve como altavoz de aquellas partes de la población mundial que no tienen medios para exponer su caso. Pero no todo vale; sobre todo cuando se trata una cuestión tan sensible como, por ejemplo, la miseria infantil. Cafarnaúm nace de la respetable premisa de mostrar al mundo las lamentables condiciones en que deben crecer los niños en las zonas más pobres de Beirut, pero llega un momento en que se evidencia que el objetivo de la directora Nadine Labaki no va más allá. El film nos hace acompañar su protagonista Zain a lo largo de un recorrido donde sólo acumula tragedia tras tragedia, en lo que parece una especie de ejercicio para justificar la inusual escena inicial: el niño denunciando sus padres por haberse traído a este mundo. Dejando de lado la parte de razón que pueda tener, Cafarnaúm es tan descarada en sus intenciones que acaba tirando atrás, y mucho.

Cafarnaúm es una de esas películas que te hace recordar lo bien han hecho las cosas otros títulos similares. Por ejemplo, una de las principales virtudes que tiene The Florida Project (Mejor película de 2018 según un servidor) es la utilización de la mirada todavía ingenua de la pequeña Monee como herramienta narrativa para describir el verdadero drama que rodea su vida. No sólo se trata de una decisión del todo cinematográfica, sino que también es una muestra de respeto hacia un personaje que tiene una vida enormemente complicada por delante. A Cafarnaúm, Nadine Labaki hace todo lo contrario: utiliza la mirada del pequeño Zain para subrayar toda la miseria que le rodea y le da una profundidad adulta que dificulta mucho la conexión con él. De hecho, la película hasta parece dar al joven protagonista un aire de superioridad moral, como si fuera el único que puede juzgar lo que pasa, como si él nos abriera los ojos a la realidad (a nosotros y al resto de personajes) porque ha sufrido más que nadie.

Uno de los hechos que determina la esencia de una película -y también el talento de un director- es la decisión de qué mostrar o no, teniendo en cuenta la aportación que pueda tener en la trama o el efecto emocional que puede provocar. En el caso de Cafarnaúm, Queda claro que Nadine Labaki necesita mostrar todo, y encima de una forma estética. Por ejemplo, escenas como la de Zain transportando el pequeño bebé en una olla son mostradas desde diferentes ángulos sin que ello aporte nada más que un subrayado de la misma imagen. No tenemos derecho a discutir el realismo de todo lo que pasa en la película, pero la sensación es que la directora aprovecha su posición para recrearse en las miserias que capta y se dedica a acentuar el efecto. A Cafarnaúm no hay lugar para los matices, por las tonalidades o por las lecturas propias que se podrían esperar de una directora que ha decidido hacer un film sobre esto. Son dos horas mono-temáticas de miseria, pobreza e injusticia; y al final todo acaba yendo en contra del mensaje que pretende transmitir.

volviendo a The Florida Project, Sólo hay que recordar el modo con que Sean Baker nos cuenta que la madre de Monee ha sido prostituyéndose: con cuatro escenas de la niña bañándose, sola, en el baño de la habitación. Cafarnaúm se encuentra en las antípodas de esta sutileza; Nadine Labaki debería explicitado todo, situando Monee en la peor de las situaciones posibles y buscando el impacto más directo. Y, en realidad, tiene mucha más potencia la primera opción. Otra de las consecuencias de la propuesta de la directora libanesa es que, a partir de media película, ya no hay nada nuevo para explicar: ya sabemos que todos los adultos son el diablo y que los niños son las grandes víctimas, y todas las situaciones no hacen más que reiterar esto. El único personaje adulto de Cafarnaúm que apoya a Zain es su abogada, la que está interpretada por -oh, sorpresa- la propia directora de la película. Por si alguien tenía alguna duda de quién son los únicos que forman el “bando bueno” en esta historia, este detalle lo acaba de dejar claro.

Dudo mucho que Nadine Labaki invente lo que pasa a Cafarnaúm, Y estoy seguro que los diversos hechos que narra tienen lugar de forma más o menos similar a las calles de Beirut, pero una cosa es rodar una promoción por Unicef ​​y la otra trasladarlo a una ficción cinematográfica. En la primera opción, me espero todas las imágenes de crudeza que hagan falta para concienciarse me, pero en la segunda espero una historia contada de forma diferente y con un mínimo de contenido adicional. Cafarnaúm no lo tiene, y por eso su propuesta acaba pervirtiendo lo que enseña. Como espectador, me queda la sensación de que he “admirado” la pobreza de estos niños, por lo que no queda otra opción que rechazar los responsables.

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