COLD WAR | M.A.Confidential

 

Cold War

director: Pawel Pawlikowski

intérpretes: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn, Jeanne Balibar.

género: Drama, 2018. 90 min.

A principios de los años 50, dos músicos polacos buscan en las zonas rurales del país jóvenes que puedan formar parte de un grupo de canto folclórico, que quieren utilizar para animar una población que todavía tiene abiertas las heridas de la 2ª Guerra Mundial . Durante la selección, el pianista Wiktor cae rendido ante la joven Zula, y los dos comienzan una relación amorosa que está abocada a afrontar un montón de obstáculos.

El nombre de Pawel Pawlikowski empieza a coger una dimensión considerable en el marco del cine europeo actual. Tras ganarlo todo (incluido el Oscar a mejor película extranjera de 2014) con la magnífica Ida, El reto de mantener el listón era realmente difícil, pero lo cierto es que el director polaco no ha aflojado. Y lo ha hecho en dos sentidos: por un lado, conservando la estética y el retrato social de su país que le llevaron al éxito hace cuatro años, pero por otro, apostando por una historia de tipo más convencional y una narrativa algo más asequible. Cold War encaja en el molde de “drama romántico en tiempos de guerra”, pero a la vez muestra una marcada personalidad y reafirma que Pawlikowski es todo un maestro expresándose a través de la cámara. Lo único que se le puede reprochar a Cold War es que la pasión de los personajes tiene más dificultades de las deseadas para traspasar la pantalla.

Pawlikowski plantea la historia de amor desde el evidente punto de vista sentimental por parte de los dos protagonistas, pero fundamenta su evolución a partir de diversos agentes externos que los condicionan de formas diferentes. Es la particular Guerra Fría de Wiktor y Zula. De hecho, se podría decir que Cold War se centra más en mostrar lo que separa los dos amantes que no lo que los une, lo que no deja de ser una representación del papel de los dos bandos que se formaron una vez ganada la 2ª Guerra Mundial. De acuerdo que la analogía es válida hasta cierto punto, pero ejemplifica bastante bien parte de lo que quiere explicar el director a Cold War. De hecho, es el contexto político de posguerra lo que lleva los dos personajes a encontrarse: si Wiktor no tuviera el encargo del gobierno polaco de formar el grupo folclórico, nunca habría coincidido con una chica de campo como Zula.

El otro claro foco temático de Cold War es la música. Por un lado, proporciona el leitmotiv de la historia en forma de la canción “Dwa serduszka” (traducido sería “dos corazones”), que evoluciona al mismo tiempo que lo hace la relación amorosa. En primer lugar, es la culpable que Wiktor se fije en Zula por primera vez, pero luego pasa a ser una obra de canto coral e incluso llega a convertirse en una pieza de jazz que refleja el estado de ánimo de la chica. Precisamente, la música como expresión de los cambios sociales y también de las emociones es la otra vertiente que Pawlikowski trata a Cold War. La irrupción de los géneros llegados desde Estados Unidos, y la apertura cultural en general, influye claramente en la pareja. Por ejemplo: la escena en que Zula se desata bailando al son de “Rock Around the Clock”, y la cámara la sigue mientras Wiktor se queda parado, es realmente brillante.

Este juego de acercamiento y distanciamiento entre los dos protagonistas se acentúa gracias a las elipsis que Pawel Pawlokowski utiliza para ampliar la línea temporal de Cold War. Obviamente, aquí no sólo entra en juego lo que pasa en cada nuevo episodio, sino todo lo que se puede deducir que ha pasado durante la transición. Los protagonistas cambian, pero el mundo también, y la Guerra Fría avanza; en todos los sentidos. Es en este tramo donde la película se debilita un poco, sobre todo porque uno no llega a sentir la necesidad de que Wiktor y Zula estén juntos, aunque el director siga mostrando que en el fondo no pueden vivir el uno sin el otro. No obstante, aunque se cree esta relativa distancia con la historia, Cold War no desfallece. Y se recupera del todo gracias a una enorme escena final; tan sencilla en la construcción como potente por todo lo que significa.

La impresión global es que a Pawel Pawlikowski no le sale una película tan redonda como Ida, Quizá porque en este caso el concepto de la trama principal es un poco más recurrente y todo ello resulta un poco más explícito. Esto no quita, sin embargo, que Cold War siga siendo una película llena de matices y capaz de combinar contenidos en diferentes niveles con una facilidad muy meritoria. Y en hora y media pelada. Además, la cámara de Pawlikowski aprovecha tan bien el formato 4: 3 y la calidad fotografía en blanco y negro es tal, que resulta muy difícil no quedar atrapado por sus imágenes. Veremos si el director polaco llega a las mismas cotas de éxito que con su predecesora (de momento, Polonia ya la ha seleccionado para aspirar de nuevo al Oscar), pero en todo caso es muy probable que Cold War acabe siendo una de las grandes películas europeas de este año.

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