EL RASCACIELOS

 

Skyscraper

director: Rawson Marshall Thurber

intérpretes: Dwayne Johnson, Neve Campbell, Pablo Schreiber, Roland Møller, Paul McGillion, Adrian Holmes.

género: Acción, thriller. USA, 2018. 100 min.

Will Sawyer, antiguo marine y ex miembro del FBI, dirige ahora una empresa especializada en seguridad de rascacielos. Gracias a un antiguo compañero suyo, es contratado para evaluar el edificio más alto del mundo, “La Perla”, situado en Hong Kong. Para presentar su informe final, Sawyer viaja con su familia, la que se aloja en el edificio mismo. Todo parece ir bien hasta que Sawyer se entera de que su mujer e hijos corren un grave peligro.

Desconexión de algunas neuronas, supresión de cualquier exigencia narrativa y rebaja del listón de la credibilidad bajo mínimos. El blockbuster veraniego ataca con fuerza, y requiere los requisitos adecuados. Y en el caso deel Rascacielos, De forma especialmente acentuada. Presentada como una especie de mezcla entre El Coloso en Llamas y La Jungla de Cristal, La película deja bien claro que estos son dos referentes sólo desde el punto de vista de la temática, ya que su apuesta es de un consumo mucho más rápido. Rawson Marshall Turner plantea una historia descabellada con la excusa de situar Dwayne Johnson en un rascacielos en llamas, ya partir de ahí lo confía todo al carisma y los bíceps del actor para enlazar escenas de alto riesgo que cumplen perfectamente su función. el Rascacielos no aspira a más, y en realidad tampoco nos había prometido nada que fuera más allá.

La película es tan consciente de lo que estamos esperando de ella, que apenas dedica 15-20 minutos a plantear su historia. Las escenas se resuelven con rapidez y los hechos se suceden de forma incluso atropellada; y obviamente los diálogos son una mera excusa para poner cuatro pinceladas narrativas. el Rascacielos comienza de verdad cuando Dwayne Johnson toma plena conciencia de su misión, y es entonces cuando la maquinaria de blockbuster se pone a funcionar. A partir de ahí, pocas pausas y una serie de situaciones completamente inverosímiles que buscan el vértigo y la contención de la respiración por parte del espectador. Y la verdad es que Marshall Turner sabe moverse con la cámara para sacar todo el potencial visual de cada escena. Por mucho que podamos adivinar el desenlace de cada escena, el Rascacielos consigue que la tensión acabe apoderándose de nosotros.

Otro de los puntos a favor de la película es que acota fuerza su alcance narrativo. Por ejemplo, evita que haya una trama política o conspiratoria detrás de todo, y se ahorra elementos como supuestos mensajes anti-sistema, tan típicos (y forzados) en títulos de este tipo. Es cierto que el Rascacielos trata de introducir una especie de “macguffin” en forma de dispositivo misterioso, y que la resolución en este sentido es realmente pobre, pero en el fondo todo lo que interesa siempre es lo que ocurre dentro del edificio (o cerca de él). El protagonista intentando salvar a su familia, y al mismo tiempo tratando de evitar que los atacantes logren su objetivo. Y cuando la acción incorpora una influencia desde el exterior, no desentona. Todo ello, naturalmente, echando por tierra cualquier rigor a nivel físico, arquitectónico, gravitatorio y tantos otros campos científicos que el Rascacielos se pasa por la piedra. No podía ser de otra manera.

Seguramente la película no es ni siquiera original en muchos de sus componentes. Hay escenas al límite por la pared del rascacielos que recuerdan bastante a Misión Imposible, E incluso el juego visual de los minutos finales parece “inspirado” en un recurso ya visto en títulos como John Wick: Pacto de Sangre. A pesar de ello, el Rascacielos genera una empatía especial; en buena parte, por la presencia de un Dwayne Johnson que se encuentra totalmente a gusto en este tipo de películas. De hecho, es fácil recordar la catastrófica San Andrés, Donde hacía un papel bastante similar. Como pasaba con aquella, aunque las pretensiones eran muy mayores, el Rascacielos se puede considerar un ejemplar más que digno dentro de su segmento de blockbusters catastróficos. Basta reconectar las neuronas una vez haya terminado y recordar con humor todos los despropósitos con los que nos ha hecho vibrar durante un buen rato.

 

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