EL REINO

 

el Reino

director: Rodrigo Sorogoyen

intérpretes: Antonio de la Torre, José María Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Mónica López, Bárbara Lennie, Luis Zahera.

género: Thriller, drama. España, 2017. 125 min.

Manuel López Vidal es un político valenciano implicado en todo tipo de operaciones corruptas junto con otros miembros de su partido y grandes empresarios de la región. Cuando uno de ellos es atrapado por la Guardia Civil por culpa de un asunto de dinero en Suiza, Manuel asegura que nadie desvele nada, pero a los pocos días recibe una llamada que lo pone en alerta: han salido a la luz pruebas contra él y será incriminado por la justicia.

De entre todos los complejos que poco a poco se ha ido sacudiendo el cine español, el thriller político sigue siendo una asignatura pendiente. Probablemente, las razones que lo frenan son las mismas que suelen destapar y denunciar las películas de este género. Sin embargo, se empieza a percibir un cambio que ya inició El Hombre de las Mil Caras hace dos años y que ahora continúa el Reino. La película, la cuarta del director Rodrigo Sorogoyen, hace un incisivo retrato de la corrupción en la política española a partir de lo que podríamos considerar “hechos reales ficcionados”, y al mismo tiempo ofrece un thriller de ritmo eléctrico y incansable. el Reino no se centra en el proceso de destapar una trama concreta, sino en la reacción del culpable acorralado y las piezas que se mueven a partir de ahí, revelando toda la estructura e intereses que hay detrás. Y el resultado es una película de lo más sólida.

Contrariamente a lo que hacía Alberto Rodríguez a la citada El Hombre de las Mil Caras, Roberto Sorogoyen plantea su película con una clara voluntad dinámica. Esto no es necesariamente mejor o peor, siempre que todo el conjunto responda a estas preferencias, y el Reino lo cumple a la perfección. Uno de los síntomas es que la historia ahorra información: no nos da muchos detalles de las tramas de corrupción, ni de las pruebas incriminatorias, ni del grado de participación de cada uno de los implicados, simplemente sabemos que todos pueden quedar salpicados de una forma u otra . Sin embargo, el Reino consigue que a fin de esta información -que probablemente no habría aportado gran cosa al objetivo del film- no se eche de menos. El sujeto aquí no es la cantidad de millones malversados, sino la figura de Manuel López Vidal (Antonio de la Torre vuelve a estar magnífico) como modelo de comportamiento de político corrupto.

Estas prioridades narrativas quedan manifestadas en otro aspecto clave que determina los objetivos del director: la definición del punto de vista. el Reino podría haber sido concebido como thriller policíaco, pero no lo es. No seguimos una investigación de del ángulo de la autoridad, sino que acompañamos el criminal. Esto crea una particular relación con él, ya que Sorogoyen propicia que nos podamos llegar a sentir relativamente cercanos, a pesar de ser un ladrón, un coaccionador y un miserable. En cierto modo, la propia inercia de la acción incluso nos empuja a sufrir por su integridad. Y es que en el fondo el Reino nunca nos dice que nosotros no tenemos nada que ver con todo aquello, sino que nos hace reflexionar sobre según qué actitudes. Sirva como ejemplo esta escena en la que Manuel caza un cliente de un bar que recibe cambio de más y decide quedárselo; qué haría si en lugar de estos 10 euros pudiera tener acceso a millones?

Aunque la escena puede resultar anecdótica y puntual, tiene un peso considerable, ya que el Reino no sólo apunta a la clase política y empresarial, sino que quiere reflejar la corrupción como un mal endémico de la sociedad española. De hecho, Sorogoyen aunque abre más este abanico hacia otros sectores en la interesante escena final de la película. Son apuntes significativos dentro del mensaje global del film, pero a la vez dejan cierta sensación de que, ya que se exponen, podrían haber sido un poco más desarrolladas. En todo caso, es evidente que la historia central deel Reino apunta directamente a una trama de corrupción ampliamente conocida en toda España, y que los miembros de cierto partido político se verán incómodamente identificados en los diferentes personajes de la película. Las influencias, las presiones, las conspiraciones, traiciones y “accidentes” están a la orden del día, y sin ningún tipo de peso de conciencia por parte de los responsables. Realmente, se podría decir que la película está protagonizada por gente despreciable.

A nivel técnico, la relación de la cámara con los personajes es intensa desde el principio. Sorogoyen abre el Reino con un plan que hace cierto olor a Uno de los Nuestros, Pero siempre con Manuel como foco central, y a partir de ahí ya no se despega del personaje. El director sabe construir grandes escenas sin necesidad de grandes florituras y marcando el ritmo con los movimientos de cámara. El momento tienes en que Manuel se viste bajo la vigilancia de un Guardia Civil, o el balanceo con el que seguimos la memorable conversación que tiene con un compañero suyo de partido en un balcón son dos grandes ejemplos. Aparte, Sorogoyen es capaz de sacar pecho con un largo plano secuencia realmente meritorio o con una breve pero intensísima persecución en la carretera. Esto, unido a la pericia de los diálogos y una omnipresente (excesiva, incluso) banda sonora que acentúa el pulso narrativo convierten el Reino un thriller de lo más efectivo.

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