GREEN BOOK

Green Book

director: Peter Farrelly

intérpretes: Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Iqbal Theba, Linda Cardellini, Ricky Muse, David Kallawaya, Montrel Miller.

género: Comedia, drama. 2018. 130 min.

Frank Vallelonga, más conocido como “Tony Lip”, se gana la vida como miembro de seguridad de un club nocturno de Nueva York en los años 60. Cuando el local cierra por reformas, Tony debe buscarse un nuevo trabajo, y es entonces cuando le llega la oferta para hacer de chófer del prestigioso pianista afroamericano Don Shirley. Su misión es acompañar Don para la gira que hará por el centro y sur de Estados Unidos, donde la discriminación racial es especialmente acentuada.

El planteamiento de una historia ambientada en los Estados Unidos de los años 60 con el racismo como telón de fondo parece conducir obligatoriamente al drama, a la lucha, a la condena y en la reivindicación. Green Book demuestra que no debe ser así por definición; que se puede abordar esta problemática desde una cara más amable, sin que ello signifique frivolizar con la cuestión de fondo. Peter Farrelly, que aquí se separa excepcionalmente de su hermano Bobby (responsables de iconos de los 90 como Dos Tontos Muy Tontos o Algo Pasa con Mary), Sabe encontrar el tono idóneo para arrancarnos varias sonrisas a lo largo de un trayecto que funciona de forma eficaz a pesar de pisar terrenos más que conocidos. Green Book es una película benévola, ya que mide muy bien el grado de conflicto para no llegar a sobresaltar o incomodar realmente el espectador, pero no resulta ingenua en sus pretensiones. Y lo que hace tiene más mérito de lo que parece.

Green Book funciona a pesar de muchas cosas que pudieron propiciar el contrario. Para empezar, la película genera una sensación cercana a “esta historia ya la había visto” que se mantiene prácticamente durante todo su recorrido, y que en general se acaba corroborando. Sin embargo, el film consigue inculcarnos que su capacidad de impacto no es lo más importante, sino el cuidado y el equilibrio con que trata cada situación. Del mismo modo, la evolución de la relación entre la pareja protagonista resulta bastante típica y previsible, pero es imposible resistirse a las enormes interpretaciones de Viggo Mortensen y Mahershala Ali. A Green Book, Peter Farrelly no busca sorprendernos con golpes de efecto, ni golpear hacernos con grandes picos dramáticos, sino la construcción progresiva de un relato de amistad y concordia a base de kilómetros de carretera y de adversidades afrontadas conjuntamente.

Se puede acusar Green Book ser demasiado reconfortante y buscar así la aprobación del gran público? Posiblemente. Pero si bien es verdad que no se puede entender como una muestra realmente representativa de la injusticia y la lucha que tenían lugar en aquella época (tampoco creo que busque nunca este paradigma), se adentra en cuestiones suficientemente relevantes. Por ejemplo, destaca el sentido de pertenencia que atormenta el personaje de Don, un afroamericano refinado y adinerado que goza de gran prestigio entre las clases altas blancas, pero que se siente en tierra de nadie: discriminado por su color de piel y rechazado por la su comunidad por el hecho de tocar música clásica -o “de blancos” -. Estas circunstancias marcan su relación con Tony, italoamericano de clase baja y contagiado por el racismo que impera en la sociedad, pero también manifiestan la curiosa relación entre lucha de clase y lucha de raza que plantea Green Book.

Las contradicciones que afloran en algunas escenas (la misma gente que le aplaude con todos los honores después le niega el uso del lavabo o no lo deja compartir el mismo comedor) van mostrando el funcionamiento de las cosas en aquella época. Es en estos momentos de inustícia donde cualquier otra película habría introducido la protesta y la confrontación, pero Green Book -a través de sus protagonistas- parece terminar rehuyendo polémicas e incluso mostrar cierta resignación. En más de una ocasión es difícil entender esta reacción, pero queda claro que el film apuesta por otro tipo de mensaje. Al fin y al cabo, lo que la pareja protagonista aprende de forma recíproca es entender la lucha personal del otro. Desde la posibilidad de comer pollo con las manos o de escribir cartas con contenido, hasta la importancia de la familia como soporte vital o de la improvisación como fuente de liberación creativa … Green Book va más allá del racismo como excusa.

Aunque la historia no evita cierta sensación de falta de conflicto y de poca preocupación hacia los obstáculos con que se van encontrando los protagonistas, Peter Farrelly consigue que esta road movie no decaiga en ningún momento. La relación entre Tony y Don está tratada con un encanto especial desde el mismo inicio, combinando las situaciones cómicas con las desavenencias de forma que los dos personajes van conectando a la vez que lo hacemos nosotros con ellos. Green Book busca la sonrisa, sí, pero lo hace en un terreno que no invita demasiado; de ahí su componente especial. Se la podría acusar de ingenua, o pasar por alto el verdadero sufrimiento de la población afroamericana, pero quizás entonces le estaríamos pidiendo ser otro tipo de película. Y ya hay muchas otras. Lo que queda claro es que Green Book elige un enfoque concreto y lo materializa de forma eficaz. Y no nos hace sentir mal por haber sonreído tanto durante su trayecto.

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