INFILTRADO EN EL KKKLAN

BlacKkKlansman

director: Spike Lee

intérpretes: John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Ryan Eggold, Corey Hawkins, Robert John Burke, Paul Walter Hauser.

género: Policial, comedia. 2018. 125 min.

A principios de los años 60, y en pleno auge de las protestas de los afroamericanos contra la discriminación racial en Estados Unidos, Ron Stallworth se convierte en el primer agente negro del departamento de policía de Colorado Springs. Al principio, su incorporación es recibida con cierto recelo por algunos agentes y deciden relegarlo a tareas menores, pero todo cambia cuando Stallworth hace una llamada a un miembro del Ku Klux Klan haciéndose pasar por blanco. De forma inesperada, abre el camino a una infiltración que puede ser muy valiosa, pero obviamente necesitará ayuda.

De entre todo el rechazo generalizado que Donald Trump provoca la industria de Hollywood, Spike Lee ha sido uno de los miembros que siempre se ha expresado sin pelo en la lengua. Cuando supimos que su próxima película, Infiltrado en el KKKlan, Abordaba la discriminación racial en los años 60 y que el Ku Klux Klan tendría un protagonismo importante, era bastante fácil atar cabos. Y así ha sido, pero tanto en la vertiente buena como en la que no lo es tanto. La primera corresponde a la mirada más satírica de Spike Lee, que nos acerca una historia bastante peculiar (basada en hechos reales, afirma) cargada de situaciones cómicas y llena de referencias a la actualidad. Sin embargo, la segunda aflora cuando el director necesita subrayar y hacer explícitas estas referencias, del mismo modo que lo hace en la vida pública. La conjunción de todo hace deInfiltrado en el KKKlan una película tremendamente entretenida, pero a la vez deja la sensación de que una mayor apuesta por la sutileza la habría redondeado mucho más.

Hay que reconocer que a Spike Lee le encaja a la perfección la estética “seixantera”, y esto hace que la película enseguida entre con un especial carisma. Además, la acción no tarda nada en arrancar, lo que favorece un ritmo narrativo que a partir de entonces ya no decae. Esto también propicia que no podamos conocer demasiado el trasfondo de los personajes, pero a fin de cuentas este tampoco es un aspecto que resulte crucial en Infiltrado en el KKKlan. En realidad, la historia prácticamente da más profundidad personal a según qué miembro de la organización racista que a los “buenos de la película”. Y si nos fijamos en la trama amorosa entre el protagonista Ron Stallworth y la activista Patrice Dumas, no sería precisamente la mejor desarrollada de la historia del cine. De hecho, este vínculo sentimental se percibe más bien como una herramienta narrativa para alimentar lo que será el conflicto final deInfiltrado en el KKKlan; cosa que, por otra parte, resulta bastante previsible.

La condición de comedia sobrevuela en todo momento la película, pero Spike Lee procura recordar de una forma u otra que aquello de lo que está hablando es un tema, en el fondo, bastante serio. Esto se nota, sobre todo, en función del entorno que muestra. Por ejemplo, en las escenas de reivindicación del movimiento por los derechos de los afroamericanos, Infiltrado en el KKKlan se vuelve más sobria y Lee no tiene ningún problema en alargar los discursos y proclamas; es su momento para enviar el mensaje que busca de la forma más directa e intensa. Cuando salimos de estos ambientes, la película se comporta de forma diferente. Es obvio que Infiltrado en el KKKlan busca la ridiculización de los miembros del Ku Klux Klan, pero en lugar de caer en una parodia constante busca el equilibrio para no despreciarlos y presentarlos como un adversario mínimamente temible. De este modo, también mantiene la tensión en aquellas situaciones en las que parece que la infiltración corre peligro de ser desenmascarada.

Dentro de esta tonalidad “desenfadada pero no demasiado” que adquiere Infiltrado en el KKKlan, Funcionan muy bien las referencias que Spike Lee va introduciendo para poner de manifiesto que los 50 años de diferencia que nos separan de aquellos hechos no han hecho cambiar las cosas. El director no duda en hacer aflorar una y otra vez rasgos ideológicos que relacionan claramente los integrantes de aquel Ku Klux Klan con los actuales seguidores de Donald Trump, e incluso se atreve a hacerles gritar proclamas como “Make America great again! “o” America first! “. En fin, sólo hay que sumar 2 + 2 para captar el mensaje. El problema, sin embargo, es que el propio Spike Lee parece no quedar satisfecho con estas claras referencias, y esto desemboca en un epílogo que no hace ningún favor al conjunto deInfiltrado en el KKKlan. La necesidad de subrayar, explicitar y recurrir al impacto de imágenes reales llevan a la sensación de que, al final, el film nos quiere imponer su visión en lugar de dejar que la generamos nosotros.

Este descarado “por si no se había entendido” con cierto olor panfletaria que introduce Spike Lee rasga el que hasta entonces era una película bastante astuta y divertida. La impresión es de parche innecesario, por mucho que el director tenga razón y quiera sensibilizarnos con lo que está pasando ahora mismo en Estados Unidos. En todo caso, lo mejor es quedarse con la peculiar química entre los dos protagonistas (unos fantásticos John David Washington y Adam Driver), el humor esperpéntico de algunos diálogos y situaciones (la llamada de David Duke, líder del Ku Klux Klan, a Ron Stallworth es impagable) y el peculiar retrato social que hace Spike Lee los años 60. Globalmente, el sabor que queda es que quizás Infiltrado en el KKKlan habría podido intensificar un poco más su propuesta; enloquecer un pelo o apostar por un tramo final más impactante. Las expectativas y la carta de presentación hacían pensar en la nueva gran película de Spike Lee, y el resultado final, a pesar de ser realmente divertido e incluso memorable en varios tramos, aunque queda alejado de esta posición.

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