LA CASA DE JACK

The House That Jack Built

director: Lars von Trier

intérpretes: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keough, Sofie Gråbøl, Siobhan Fallon, Ed Speleers.

género: Drama, thriller. 2018. 150 min.

Durante la década de los 70, Jack, un hombre solitario que sueña con construirse su propia casa junto a un lago, lleva a cabo una serie de brutales asesinatos a diferentes personas de su entorno. Los cadáveres terminan en una cámara frigorífica, donde Jack busca la inspiración artística para completar su obra, y donde también reflexiona sobre el sentido de todo lo que hace. Todo comienza con una mujer a la que Jack ayuda después de haber sufrido un pinchazo en medio de la carretera.

Es probable que Lars von Trier sea una persona indeseable en muchos aspectos, pero lo que nadie nunca le podrá negar es que pocos directores han volcado toda su autoconciencia a sus películas como lo ha hecho él. La Casa de Jack es, hasta el momento, su obra culminante en este sentido. Y, como era de esperar, el danés lo ha hecho de forma extrema, sometiendo al espectador a planteamientos, imágenes y afirmaciones que pueden remover cualquier estómago y conciencia. Sin embargo, sería demasiado simplista quedarse en la provocación como única explicación de las intenciones del director detrás esta película. Reafirmación? Autocrítica? Arrepentimiento? Autoalabança? Desafío? Confesión? Lo más probable es que sea todo a la vez, y es esto lo que da a La Casa de Jack una dimensión tan grande y tan rica. Von Trier no se está riendo de nosotros, sino que nos enfrenta a un estudio sobre la parte más oscura del ser humano y la posibilidad de que también pueda ser considerada un arte.

“Está permitido hablar durante el camino?” El papel de interlocutor que el director atribuye al personaje de Jack es evidente desde la primera frase de la película. También lo es la voluntad de expresarse con claridad, sin subir la voz en ningún momento y midiendo al detalle el lenguaje utilizado. La Casa de Jack no es el impulso de alguien que vomita su locura, sino el discurso de alguien que se quiere hacer entender. No se trata sólo del repaso explícito de algunos de los terribles crímenes de este asesino en serie, sino que Von Trier nos abre su mente para exponernos su concepción de la vida, la humanidad y el arte. El director es perfectamente consciente de que sus afirmaciones serán más que discutibles y reprobables, pero el tono es tan preciso y razonado que se hace escuchar. Por eso, por muy en desacuerdo que estemos, La Casa de Jack genera una atracción muy particular para el espectador. Y la elección de Matt Dillon es también un contribuyente clave, ya que el actor hace lo que posiblemente es su mejor papel en mucho tiempo.

La astucia de Von Trier no sólo consiste en hacernos escuchar, sino incluso en hacernos cómplices de lo que cuenta. El director controla el tono de La Casa de Jack en todo momento, y lo hace con toda la mala leche del mundo. Sólo él es capaz de hacernos reír con escenas enfermizas y retorcidas que deberían hacernos poner las manos en la cabeza, o incluso de hacernos sentir medio gramo de empatía con un despiadado asesino en serie. La presencia de Virgen, este personaje que conversa con Jack y le rebate (a menudo desde el mismo punto de vista que adoptaría cualquiera de nosotros) la gran mayoría de sus planteamientos, demuestra en cierto modo que el director no rehuye el diálogo. De todos modos, es evidente que a Lars von Trier le importa poco lo que piense la gente de él. Por todo ello, y por la citada claridad con que el director expresa sus ideas (y que ya se manifestaba en nymphomaniac), La Casa de Jack no deja de ser una película extrañamente accesible.

Lo que ya no es tan accesible es una parte de lo que el director nos muestra en pantalla. Y es que, en cuanto a violencia y perversión, La Casa de Jack no se guarda nada ni apuesta por la sutileza. De hecho, sería algo ingenuo esperar lo contrario. Es más, resulta coherente que el personaje de Jack nos quiera mostrar su obra mientras nos explica los motivos o la finalidad artística que busca. Si nos paramos a pensar, en pocas películas de asesinos en serie habremos podido escuchar tantas explicaciones como en esta; probablemente, porque el director no se sentía tan cercano al personaje. La Casa de Jack evidencia que Von Trier no niega su mentalidad (por ejemplo, el menosprecio a las mujeres es un aspecto recurrente), su ideología (recupera las referencias a Hitler y el nazismo, entre otras cosas) o su visión oscura del ser humano, pero a la vez nos dice que “esto es lo que hay, os guste o no”.

El ejercicio de Von Trier a La Casa de Jack, Cualquiera que sea la percepción que tengamos, tiene su punto culminante en un epílogo en el que el director parece rechazar de golpe toda la narrativa explícita utilizada hasta el momento y demostrar su condición de artista; de genio. Después de dos horas y cuarto de película, no es fácil afrontar el simbolismo de las imágenes y el retroceso del ritmo, pero en realidad no deja de ser un homenaje a todas aquellas obras de arte -que no son pocas- que ha puesto su foco en la bajada a los infiernos. Creerá Von Trier que lo que acaba de hacer también es una obra de arte? Es probable que sí. Y es probable que tenga razón; al menos, desde el punto de vista que ningún otro cineasta sería capaz de concebir una película como La Casa de Jack tal como lo hace él. Y en cierto modo podemos estar agradecidos que el cine sea su medio de expresión, porque, tal como expresa en un momento del film, todos seríamos un Jack en potencia si no viviéramos en una civilización controlada. Y me temo que a Von Trier la conversión no le costaría demasiado.

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