MAMÁ Y PAPÁ |

 

Mom and Dad

director: Brian Taylor

intérpretes: Nicolas Cage, Selma Blair, Anne Winters, Zackary Arthur, Joseph D. Reitman, Olivia Crocicchia, Lance Henriksen.

género: Comedia, terror. USA, 2017. 80 min.

La familia Ryan no pasa por un momento fácil. Los padres, Brent y Kendall, no aceptan el nuevo novio de la hija adolescente Carly y deben parar constantemente las peleas entre ésta y su hermano pequeño Josh. Un día, una extraña epidemia transmitida a través de la radio y la televisión despierta un instinto asesino a todos los adultos hacia sus hijos, lo que obliga Carly y Josh a huir del instituto y tratar de refugiarse de sus propios padres .

Durante los últimos años, ver Nicolas Cage perdiendo los papeles se ha convertido en uno de esos placeres culpables que parte de los cinéfilos intentamos no dejar escapar. A menudo, no nos engañemos, esto conlleva tener que tragar películas tirando a nefastas, pero en el caso de Mamá y Papá las razones son suficientes para disfrutar de todo el conjunto. Dirigida por Brian Taylor, cocreador de aquella adrenalítica Crank, La película entiende muy bien su condición desde el primer momento y se desarrolla con el ingenio y el ritmo suficientes para cerrar un conjunto muy coherente consigo mismo. Partiendo de su premisa absurda, la historia despliega 80 minutos de diversión sanguinaria y pasada de vueltas, y sabe sacar todo el potencial histriónico de un Nicolas Cage en su salsa. Es así como Mamá y Papá acaba cumpliendo unas expectativas que, sin ser muy ambiciosas, habrían podido caer fácilmente en una burda estupidez.

Para no convertirse en esta estupidez integral, la película se ríe constantemente de sí misma. Y no sólo lo hace gracias al factor Cage, que obviamente suma de forma considerable, sino a una combinación de humor negro y terror gore muy bien conseguida. A Mamá y Papá, Brian Taylor sabe jugar sus cartas con bastante inspiración y astucia para no caer en la reiteración, e incluso juega con el factor sorpresa sacando gags de rincones inesperados. Por ejemplo, es capaz de cortar por completo la acción para introducir un absurdo flashback sobre la historia de una mesa de billar, el cual resulta ser realmente brillante. De este modo, las carencias y la simplicidad de la trama de Mamá y Papá van encontrando rellenos aquí y allá; y eso que en su mayoría no aportan nada más que unas cuantas carcajadas extras y aumentar el repertorio de muecas de Nicolas Cage. Pero ya está bien.

Aparte de su buen criterio a la hora de desarrollar la personalidad del film, a Taylor no se le pueden negar ciertas aportaciones desde la dirección, cargada de dinamismo en todo momento. El montaje tiene buena parte de culpa, tanto en la vertiente del ritmo (en las películas de Crank ya era el elemento principal) como en la de acentuar los gags y el tono cómico en general. Lo mismo hacen los encuadres de cámara, que buscan un ángulo casi deformador de las imágenes. En todo caso, no hay duda de que Mamá y Papá requiere una complicidad necesaria por parte del espectador, que debe estar predispuesto a comprar y compartir los propósitos de la película. A estas alturas, todo sea dicho, cuesta creer que alguien se ponga a ver una cinta como ésta esperando algo mínimamente seria. La reacción ante el primer giro de cuello de Nicolas Cage, en primer plano y forzando una sonrisa, ya puede ser un buen medidor de nuestra relación con Mamá y Papá. Si es positiva, es difícil que el resto falle.

La verdad es que pocas lecturas más se pueden extraer de un filme como este. Se podría definir como una interpretación extrema de aquel pensamiento (no al pie de la letra, claro) que seguro muchos padres habrán tenido en algún momento de máximo estrés con sus hijos, pero creo dudo que corresponda valorar de esta manera una pura diversión gamberra como Mamá y Papá. Su progresiva locura funciona, también los toques de humor y de autoparodia, y además hay que apuntar que tanto Nicolas Cage como Selma Blair se entregan por completo a la causa. Poco nos aportará a nivel narrativo o artístico, pero la hora y veinte de complicidad malvada con la película puede resultar de lo más complaciente. Y no es una meta que consigan todos los títulos que lo pretenden. Así pues, para cualquier espectador susceptible de disfrutar este tipo de cine, Mamá y Papá es una opción más que recomendable.

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