NACIÓN SALVAJE

 

Assassination Nation

director: Sam Levinson

intérpretes: Odessa Young, Abra, Suki Waterhouse, Hari Nef, Bella Thorne, Bill Skarsgård, Susan Misner, Joel McHale, Maude Apatow, Cody Christian, Colman Domingo.

género: Thriller, comedia, acción. 2019. 110 min.

Los estudiantes de un instituto de Salem, en Estados Unidos, viven permanentemente conectados a los móviles y las redes sociales, las cuales suelen provocar más conflictos que ninguna otra cosa. Más allá de los enredos amorosos entre unos y otros, el gran escándalo salta cuando un hacker hace públicas las fotos de un político de la localidad y también del director del instituto. En medio de todo, cuatro amigas ven como no sólo sus vidas privadas empiezan a correr peligro, sino también su integridad, ya que se extiende el rumor de que ellas están detrás de todas estas filtraciones.

Cuando dentro de unos años se hable del cine que nació como fruto de su generación, es muy difícil que Nación Salvaje no aparezca como gran referente de la era que estamos viviendo actualmente. El joven director Sam Levinson ha aglutinado buena parte de los vicios, virtudes y defectos con que las redes sociales -y el entorno online en general- gobiernan la vida de los jóvenes en la sociedad actual, y los ha desplegado para construir una película que los representa tanto en la forma como en el fondo. Así pues, nos encontramos ante una historia que vive cada instante con una intensidad enorme, pero donde los hechos se van sucediendo de forma tan dinámica que es prácticamente imposible digerir nada. Pero es que de eso se trata. Salvo la mínima pausa que se toma para hacer evolucionar sus protagonistas, Nación Salvaje busca que sea su propio camino hacia el caos lo que termine hablando por sí solo. Y la verdad es que, en gran medida, lo consigue.

Nación salvajes nos traslada a la localidad norteamericana de Salem (famosa por aficionados a las brujas y a Stephen King), donde la revelación pública de los contenidos de los móviles de ciertas personas hace tambalear la convivencia entre sus habitantes. Esto hace aflorar el lado oscuro de la completa adicción a Internet y las redes sociales que existe, particularmente entre los estudiantes del instituto. Es allí donde conocemos Lily, Sarah, Me y Bex, cuatro amigas que poco a poco se verán implicadas de forma cada vez más dramática en todo el conflicto. Desde su punto de vista, Sam Levinson nos habla de la inmediatez, de la necesidad de la marca personal, de la fiebre por el “like”, de la trascendencia que parece que deben tener todas y cada una de las cosas que hacemos … pero al mismo tiempo evidencia la superficialidad e irrelevancia que en realidad hay detrás de todo esto. También subraya las contradicciones que genera entre exposición pública y privacidad.

Aunque el retrato sociogeneracional deNación Salvaje es bastante amplio, es evidente que la elección de su cuarteto protagonista le atribuye una clara alma feminista. La evolución de la trama también lo corrobora, ya que cada vez se focaliza de forma más explícita en esta lucha. Sam Levinson no sólo habla de los ataques que reciben las chicas, sino de la facilidad con que las señalan como culpables de todo; en el que se puede entender como una clara reinterpretación moderna de la caza de brujas de Salem (el escenario no era casual). Y, siguiendo la mentalidad que impregna la historia, la película no se queda en una reivindicación o protesta, sino que pone toda la carne en el asador. No hay espacio para la sutileza o el razonamiento, Nación Salvaje es un grito de rabia; un “hasta los ovarios” llevado al extremo.

Es difícil catalogar Nación Salvaje dentro de un género concreto, ya que Sam Levinson juega con una sucesión de formatos, estéticas, tonos, mensajes y mil y un referentes. Se podría decir que parte del típico film de instituto, pero evoluciona a marchas forzadas hacia el thriller, con toques de policial, acción, comedia e incluso escenas que se acercan a laslasher. Levinson sorprende por la efectividad con la que toca estas diferentes vertientes y las incluye en el conjunto, aunque a veces hay cierta brusquedad en la forma de avanzar de la historia. Después de todo, Nación Salvaje es un film que se construye y se define a partir de la suma de todos estos componentes, y no como una obra focalizada en una idea clara. Esto provoca, de forma inevitable, que no todo funcione al mismo nivel: hay momentos de verdadera genialidad, pero también otros que se perciben forzados o incluso fallidos.

No resulta extraño que en una película como Nación Salvaje haya altibajos de este tipo, pero es difícil evitar una ligera sensación de que la bomba que propone no acaba de explotar. Seguramente la explicación la encontramos en la propia naturaleza del filme, que queda resumida de forma memorable en su última escena. En este sentido, se podría decir que Sam Levinson aprovecha esta relativa falta de exigencia para salirse con ingenio de todo el follón que ha creado. Sin embargo, Nación Salvaje genera la reflexión suficiente para aplaudir sus intenciones, y lo hace de forma realmente valiente y plenamente consciente del tipo de producto que es. Hasta el punto de ser capaz de decirnos que todo lo que acabamos de ver, en realidad, tampoco es tan importante.

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