THE GUILTY

den Skyldige

director: Gustav Möller

intérpretes: Jakob Cedergren, Jessica Dinnage, Omar Shargawi, Johan Olsen, Jacob Lohmann, Katinka Evers-Jahnsen.

género: Thriller. 2018. 80 min.

Asger Holm es un oficial de policía que suele patrullar las calles de Copenhague, pero ha sido relegado al servicio de emergencias telefónicas. Cuando está a punto de terminar su turno, recibe la llamada de una mujer que afirma que está siendo secuestrada. Asger intenta activar el dispositivo necesario para atrapar el coche en el que viaja, pero a la vez tiene que tratar de proteger a los dos hijos pequeños de la mujer, que se han quedado solos en casa.

La idea de pasarse 80 minutos viendo un hombre hablar por teléfono no parece demasiado atractiva, pero si aplicamos un buen guión y un control adecuado del ritmo narrativo nos podemos encontrar con un thriller vibrante y cargado de tensión. Es exactamente esto lo que consigue The Guilty, Película danesa que ya sorprendió en el pasado Festival de Sundance y que se ha consolidado como una de las grandes revelaciones del cine europeo de este año. El director Gustav Möller autoimpone una clara limitación a nivel de espacio y de recursos visuales, pero lo compensa construyendo todo un escenario narrativo a través de los sonidos que nos llegan vía telefónica, y le suma el peso de las circunstancias personales del único protagonista. De este modo, The Guilty evita en todo momento cualquier monotonía formal y mantiene al espectador pegado a una historia que no deja de sorprender hasta el último giro.

La propuesta de The Guilty recuerda claramente a la de la británica Locke, En la que Tom Hardy se pasa todo el tiempo hablando por teléfono mientras conduce, pero en este caso el resultado me ha parecido mucho más efectivo. Y la principal razón es que en la cinta danesa el espectador tiene en todo momento la misma información que el protagonista Asger. Juntos, iniciamos la historia desde cero y vamos compartimos las interpretaciones y reacciones a medida que el caso va evolucionando y se van abriendo diferentes vías de comunicación. Y tal y como hace él, vamos dando forma dentro de nuestro imaginario a toda la acción que pasa fuera de la sala. De este modo, The Guilty logra una mayor identificación con las interpretaciones y reacciones de Asger -las cuales suelen coincidir con lo que haríamos nosotros mismos a su posición-, pero a la vez nos empuja a caer a los mismos trampas. De hecho, esta es la principal gracia de la película.

Y es que, al igual que Gustav Möller construye con éxito toda una trama policíaca sin que vemos ni una sola imagen, es evidente que aprovecha esta falta de amplitud en la perspectiva de los hechos para jugar con nuestras percepciones e interpretaciones . Esta estrategia podría ser considerada tramposa, pero en el fondo es del todo lícita, ya que The Guilty se muestra siempre fiel a su propuesta formal. Esto permite que la película alimente las sospechas suficientes para sostener la intriga y la sensación de peligro, y a la vez introduzca los giros oportunos que pueden llegar a cambiar todo. La posición del protagonista, que por un lado el permite comunicarse a varias bandas pero por otro le impide tener el control de la situación, también resulta clave para The Guilty mantenga un considerable nivel de tensión de forma casi permanente.

El elemento que acaba de complementar la consistencia narrativa de la película es el retrato del propio protagonista Asger. En este sentido, The Guilty presenta claros y oscuros. La vertiente positiva la ponen la dirección de Gustav Möller y la actuación de Jakob Cedergren, que evolucionan al mismo tiempo que se intensifica la trama. El director muestra recursos de sobra para no reiterarse: se acerca al actor a los momentos clave para que podamos apreciar el sudor en su cara, se aleja cuando el segundo plano entra en juego o incluso lo tiñe de rojo cuando aflora el sentimiento de culpa que lleva dentro. Es precisamente esta situación personal que atormenta Asger y que, en teoría, lo condiciona a la hora de gestionar el caso por teléfono, la que acaba quedando algo desdibujada. Teniendo en cuenta que The Guilty debe su título a este hecho, no se percibe que tenga todo el peso que el filme pretende.

Se entiende que Möller busca huir de la figura del héroe y trata de humanizar Asger atribuyéndole un contexto personal negativo, pero este tipo de redención personal en que se debería convertir la historia no acaba de funcionar. Al menos, no se percibe una cohesión demasiado sólida con la trama policíaca, sino que más bien sería un tema aparte. Eso sí, por todo lo demás, The Guilty funciona con una enorme eficacia. Es más, si queremos ir un poco más allá, incluso es una película que nos hace reflexionar sobre los juicios precipitados que podemos hacer de hechos o personas sin tener la certeza suficiente. Sea como sea, de lo que no hay duda es que pasan los 80 minutos de The Guilty, No hemos salido en ningún momento del mismo espacio, y hemos vivido a flor de piel toda una historia cargada de dramatismo, emoción y nervios, muchos nervios. Ya quisieran muchos otros thrillers policíacos lograr todo esto con tan pocos recursos.

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