UN DÍA MÁS CON VIDA

Another Day of Life

directores: Raúl de la Fuente, Damian Nenow

intérpretes: Miroslaw Haniszewski, Vergil J. Smith, Tomasz Zietek, Olga Boladz, Rafal Fudalej.

género: Animación, drama, bélico. 2018. 85 min.

En 1975, Angola se prepara para dejar de ser una colonia portuguesa, lo que ha desatado una violenta guerra para hacerse con el poder del futuro Estado, con los norteamericanos y los soviéticos implicados. Aunque el peligro de muerte que se vive constantemente en sus calles, el periodista polaco Ryszard Kapuściński viaja a la ciudad de Luanda para hablar con los pocos contactos que le quedan allí e informar ‘in situ’ de los últimos acontecimientos.

El reto de adaptar cinematográficamente un relato como el que explica Ryszard Kapuściński en su libro Un Día Más con Vida hubiera podido dirigir perfectamente hacia el terreno del puro documental de guerra, o bien convertirse en un thriller bélico que aprovechara la dureza de los combates que describe. Sin embargo, el navarro Raúl de la Fuente y el polaco Damian Nenow han apostado por la animación como soporte visual de este documental, una decisión a priori arriesgada, pero que acaba demostrando ser todo un éxito a la hora de transmitir todas las capas de la película. El realismo de los personajes y la ambientación del país africano se combina con representaciones gráficas casi abstractas, y ello se unen fragmentos de los propios testigos en imagen real. La mezcla es inusual, pero consigue que Un Día Más con Vida transmita mucho más de lo que lo habría hecho si hubiera apostado por un método más simple.

El uso de la rotoscopia (que consiste en dibujar sobre imágenes rodadas en acción real y luego animarlas) permite que la caracterización de Kapuściński y el resto de personajes sea sorprendentemente humana. El trabajo de doblaje es también impresionante, y tiene buena parte de culpa que percibimos, con matices y todo, la personalidad de cada uno. Un Día más Con Vida también se apoya en los recursos que le aporta la animación para otros propósitos, como esta transición acelerada que nos muestra la progresiva destrucción y degradación de las calles de Luanda. La otra gran vertiente estética llega cuando el filme proyecta visualmente la mente del propio Kapuściński, creando imágenes oníricas o caleidoscópicas que, cuando es necesario, se integran perfectamente en la composición global. En todos estos aspectos, el trabajo cromático y de fotografía deUn Día más con Vida es admirable, y hay que subrayar que la película no aprovecha para afear la ambientación; casi lo contrario.

Y eso que todo lo que nos cuenta la película es, en gran parte, terrible. De la Fuente y Nenow muestran una mirada perversamente irónica de un país que está a punto de conseguir la libertad, pero que, lejos de celebrarlo, parece autodestruirse. Un Día Más con Vida le basta con poco menos de hora y media para contextualizar la acción, mostrar la peligrosa realidad del país desde los ojos Kapuściński y convertirse en una mini road movie para adentrarse en un entorno cada vez más peligroso. La sucesión de personajes con los que se va encontrando el protagonista permite profundizar en las motivaciones, y es meritoria la capacidad deUn Día Más con Vida para describir en poco tiempo perfiles como los de la guerrillera Carlota o el comandante Farrusco. Aquí, destaca el valor que aportan los testigos reales; estos sí, rodados en imagen real. Al principio, la incorporación choca un poco con la estética del conjunto, pero al final pesa más el efecto que provoca ver a los personajes hasta ahora dibujados hablando en primera persona de lo que estamos viendo.

A través de todo ello, y sumando el bagaje del protagonista Ryszard Kapuściński, la película construye una reflexión sobre lo absurdo de la guerra. El concepto no nos es nuevo, ni mucho menos, pero hay un par de aspectos que hacen que a Un Día Más con Vida tenga un carácter diferente. El primero es el papel del periodista, concebido no sólo desde el punto de vista de encontrar la mejor historia y jugarse el físico si es necesario, sino también de la verdadera incidencia que puede llegar a tener su trabajo. Es aquí donde entra en juego el poder de la información y la reacción causa-efecto que puede provocar, un aspecto que casi 50 años después sigue más vigente que nunca. El segundo aspecto deriva del primero, ya que Un Día Más con Vida insinúa la carga psicológica que a Kapuściński le supone el hecho de ser partícipe de estos conflictos que él mismo considera aberrantes. Quizás nos faltaría algo más de trasfondo del personaje, pero el film pone un evidente foco en su dimensión interior.

Así pues, Un Día Más con Vida se puede entender como documental histórico, como retrato personal, como reflexión sobre el periodismo, como manifiesto antibelicista, e incluso como thriller bélico. Y es que las escenas de acción -mención especial al tiroteo en la entrada de un pueblo- también funcionan muy bien. No es de extrañar que Ryszard Kapuściński decidiera plasmar todo ello en un libro, y ahora hay que celebrar que esta colaboración hispanopolonesa lo haya trasladado a la gran pantalla. Es cierto que los asuntos que trata dejaban margen para más contenido o profundidad, pero la porción que recoge la película de Raúl de la Fuente y Damian Nenow lo concentra de forma brillante. Y lo más importante es que justifica el uso de la animación como plataforma para integrar todo lo que quiere transmitir, sin que el efecto que buscan se vea rebajado o acondicionado. Siguiendo la estela dejada por la israelí Vals con Bashir, Un Día Más con Vida demuestra que el género bélico también puede ser dibujado.

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